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Lo Real – I

Septiembre 14, 2007

La relación de la repetición con lo real puede verse en la transferencia psicoanalítica, esa emergencia de los deseos inconscientes que se produce en el encuentro analítico cuando el paciente proyecta sobre el analista sus relaciones pasadas con sus otros significativos: “Lo que se repite, es siempre algo que se produce… como al azar”. Lacan habla aquí de un «encuentro fallido», Rosa Aksenchuk. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

En el discurso académico, lo real es a menudo confundido con la «realidad» – el mundo fáctico, concreto -; pero lo «real» es el fundamento del cual la realidad y sus objetos son seleccionados por ensayo y error por los seres humanos. Es así como Lacan distingue lo que existe (la realidad cotidiana de los objetos familiares) de lo que ex-siste, «lo que está por fuera», el fundamento el cual esas cosas son seleccionadas).
Rosa Aksenchuk. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

La relación de la repetición con lo real puede verse en la transferencia psicoanalítica, esa emergencia de los deseos inconscientes que se produce en el encuentro analítico cuando el paciente proyecta sobre el analista sus relaciones pasadas con sus otros significativos: “Lo que se repite, es siempre algo que se produce… como al azar”. Lacan habla aquí de un «encuentro fallido», Rosa Aksenchuk. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

La relación de la repetición con lo real puede verse en la transferencia psicoanalítica, esa emergencia de los deseos inconscientes que se produce en el encuentro analítico cuando el paciente proyecta sobre el analista sus relaciones pasadas con sus otros significativos: “Lo que se repite, es siempre algo que se produce… como al azar”. Lacan habla aquí de un «encuentro fallido», Rosa Aksenchuk. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

En el discurso académico, lo real es a menudo confundido con la «realidad» – el mundo fáctico, concreto -; pero lo «real» es el fundamento del cual la realidad y sus objetos son seleccionados por ensayo y error por los seres humanos. Es así como Lacan distingue lo que existe (la realidad cotidiana de los objetos familiares) de lo que ex-siste, «lo que está por fuera», el fundamento el cual esas cosas son seleccionadas).
Rosa Aksenchuk. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

Lo Real es a la vez la maldición y la gloria de cualquier sistema, pues implica la posibilidad tanto de mantener esos sistemas en su lugar como de cambiarlos. Hasta aquí la filosofía y el psicoanálisis coincidirían. En el discurso académico, lo real es a menudo confundido con la «realidad» – el mundo fáctico, concreto -; pero lo «real» es el fundamento del cual la realidad y sus objetos son seleccionados por ensayo y error por los seres humanos. Es así como Lacan distingue lo que existe (la realidad cotidiana de los objetos familiares) de lo que ex-siste, «lo que está por fuera», el fundamento el cual esas cosas son seleccionadas).

Para el filósofo, a partir el presocrático Heráclito, lo real es un continuum, el río que no es idéntico a sí mismo y que por lo tanto nunca puede ser atravesado dos veces. Para el psicoanalista, la relación de la repetición con lo real implica la invasión de la conciencia por parte del inconsciente.

La relación de la repetición con lo real puede verse en la transferencia psicoanalítica, esa emergencia de los deseos inconscientes que se produce en el encuentro analítico cuando el paciente proyecta sobre el analista sus relaciones pasadas con sus otros significativos: “Lo que se repite, es siempre algo que se produce… como al azar”. Lacan habla aquí de un «encuentro fallido», un término que articula, por un lado, el ser subyacente de la experiencia (el «encuentro») y, por el otro, el hecho de que él no es comprendido, no es reconocido. Y no lo es porque es irrepresentable, inasimilable, y sin embargo es precisamente eso lo que causa la repetición. La tarea del análisis es descubrir cómo lo real queda atrapado en las repeticiones mecánicas, orientadas a satisfacer las expectativas del Otro.

Lo real es solamente experimentado, nunca completamente conceptualizado; es aquello a lo que se aplican las palabras, los conceptos, los perceptos. Por lo tanto, cualquier separación producida por lo simbólico, especialmente en los primeros momentos de vida, implicará para el infans una experiencia caótica y lo conmocionará. «Fallar» el encuentro es no lograr aprehender la experiencia bruta. Lo simbólico actúa sobre lo real por medio de la repetición, pero nunca se convierte en él. La realidad cotidiana aguarda su construcción a partir de lo real; sin embargo, la construcción no es algo que pueda alterarse completamente según el capricho del sujeto, pero puede ser abordado mediante una intervención seria. Cada uso de una palabra en el lenguaje es una repetición que espera capturar una parte de lo real en un esfuerzo por establecer una identidad, tal el principio de trabajo de lo simbólico.

Hombres; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico – I

Julio 6, 2007

Hombres; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Tal como lo indica etimológicamente su expresión (Neurosis Obsesiva proviene del alemán Zwangneurose. Zwang tiene por sentido constreñir, forzar, obligar, necesitar), el obsesivo se siente constreñido, obligado a pensar. Se trata de un tipo de forzamiento que se ejerce en el ámbito mental, y que es muy notorio y significativo. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

Tal como lo indica etimológicamente su expresión (Neurosis Obsesiva proviene del alemán Zwangneurose. Zwang tiene por sentido constreñir, forzar, obligar, necesitar), el obsesivo se siente constreñido, obligado a pensar. Se trata de un tipo de forzamiento que se ejerce en el ámbito mental, y que es muy notorio y significativo. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

Hombres; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Malgastan su energía en rumiaciones y razonamientos sin fin. Los caracteriza la ausencia de acciones y pensamientos eficaces, y generalmente les cuesta generar cambios en su medio. Son personas con una marcada tendencia a los escrúpulos, habitados por ideas de moralidad, reparación y/o purificación que se instalan en la conciencia del sujeto y los inquietan.. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

Hombres; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Con frecuencia aparecen crisis morales de conciencia, timidez e inhibición, trastornos de sexualidad, trastornos motores, tales como tartamudeo y tics, orden de meticulosidad. Son estrictos y, con frecuencia, avaros. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

Hombres; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Suele presentarse además un alto grado de sadismo, que se manifiesta tanto en su faz activa, como puede ser la obstinación y cierta voluntad de poder, como en su faz pasiva, una extrema obediencia, sumisión y conformismo. La vida sexual también está teñida por este sadismo, cuya fantasmática oscila entre las tendencias a cruel posesión y las amenazas de crueldad, acompañadas a veces por pensamientos compulsivos, ritos, ceremoniales y pensamientos mágicos.. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

Neurosis Obsesiva. Un pensamiento marcado por la rumiación, la duda y los escrúpulos

a. Campo clínico de la neurosis obsesiva

Tal como lo indica etimológicamente su expresión (Neurosis Obsesiva proviene del alemán Zwangneurose. Zwang tiene por sentido constreñir, forzar, obligar, necesitar), el obsesivo se siente constreñido, obligado a pensar. Se trata de un tipo de forzamiento que se ejerce en el ámbito mental, y que es muy notorio y significativo.

 

Se ve forzado a albergar una idea o una serie de ellas, y aún cuando desde la lógica se le puede demostrar el sin sentido de la misma, ésta no puede ser desbaratada por la confrontación lógica, no puede sustraerse a ella, no obstante puede darse cuenta que el objetivo en sí es un sinsentido.

 

La idea de Zwang puede emparentarse también con la “compulsión”. Este término proviene del latín jurídico “compelere” y se refiere a “forzar a declarar”. La idea de compulsión retoma en el latín el sentido de forzamiento. Los obsesivos se sienten forzados a pensar y se sitian a sí mismos. La consecuencia de esto, fenomenológicamente, da como resultado personas abúlicas, desorientadas, fatigadas, sumidas alusivamente en una idea o grupo de ellas.

 

Malgastan su energía en rumiaciones y razonamientos sin fin. Los caracteriza la ausencia de acciones y pensamientos eficaces, y generalmente les cuesta generar cambios en su medio.

 

Son personas con una marcada tendencia a los escrúpulos, habitados por ideas de moralidad, reparación y/o purificación que se instalan en la conciencia del sujeto y los inquietan.

 

Con frecuencia aparecen crisis morales de conciencia, timidez e inhibición, trastornos de sexualidad, trastornos motores, tales como tartamudeo y tics, orden de meticulosidad. Son estrictos y, con frecuencia, avaros.

 

Suele presentarse además un alto grado de sadismo, que se manifiesta tanto en su faz activa, como puede ser la obstinación y cierta voluntad de poder, como en su faz pasiva, una extrema obediencia, sumisión y conformismo.

 

La vida sexual también está teñida por este sadismo, cuya fantasmática oscila entre las tendencias a cruel posesión y las amenazas de crueldad, acompañadas a veces por pensamientos compulsivos, ritos, ceremoniales y pensamientos mágicos.

 

Otra característica es que han reducido su vida a una mecanización, neutralizan su angustia al precio de ceremoniales y formalidades. La idea obsesiva que es el síntoma relevante de este tipo de enfermedad consiste en la intrusión dentro del pensamiento, de ideas no deseadas por el sujeto y esto puede provocar una oscilación intelectual, la famosa duda, y las manías de presagio. Por ejemplo personas que están muy atentas al uso de determinadas vestimenta como signo de buena o mala suerte. Manías de verificación, como cerrar puertas obsesivamente, una y otra vez para comprobar, si la casa quedó cerrada, o las llaves de luz o de gas. Si bien de estas cosas todos tenemos un poco. (podemos decir que en la neurosis obsesiva adquieren.

 

Los sume un sufrimiento y un padecimiento bastante difícil de tolerar. Algunas personas repiten palabras, o cifras o imágenes compulsivamente como forma de reaseguro. Forzados por su propio pensamiento, esto los lleva a una sensación de astenia, fatiga y desgano, lo que nos plantea la diferencia con cuadros melancólicos. A veces pasan de esta “amansadora” a una acción compulsiva, como contrapartida de su obsequiosa sumisión, o como un intento de liberación de esa sumisión en la que viven y padecen, como así también la imposibilidad de la acción eficaz a la que en general contraponen procedimientos mágicos o ritos.

 

En general, siempre son las situaciones de angustia las que convocan este tipo de rituales, como por ejemplo, dar un examen, una cita amorosa, que suscita tensión, una entrevista de trabajo, y en general apelan a ciertos rituales para garantizar de algún modo un buen resultado, en la fantasía.

 

El neurótico obsesivo no sabe por qué se ve impulsado, compulsado o forzado a dudar de determinado tema o a sentirse con esta especie de intrusión en el pensamiento de la idea obsesiva. Freud va a esclarecer este tipo de problema, ya que estos productos son según sus conceptos, efectos deformados de un conflicto.

 

b. La elección de la neurosis

La neurosis es una elección inconsciente, dice Freud en, “Contribuciones al problema sobre la elección de la neurosis”. Esto está muy claro en el caso del “Hombre de las ratas”. Posee un conflicto que no puede resolver: elegir entre dos mujeres, la que le conviene y la que ama, no elige ninguna, elige la enfermedad. Así se posterga en el tiempo la realización de deseo, porque cuando algo se elige algo se pierde. La idea freudiana es que el analista debe, absteniéndose de sus propios ideales, llevarlo a elegir. Que elija a la rica o la pobre, el analista no lo juzgará por eso, pero que se “juegue” en acto.

En “Sobre una degradación de la vida erótica” (1907) Freud dice que el obsesivo tiende a desfusionar, a disociar la corriente tierna y la erótica. Es uno de los síntomas clásicos, el de no poder sostener el deseo en la mujer amada. Durante un tiempo lo sostiene: la ama pero ya no la desea. Recordemos que la neurosis obsesiva es desde la enseñanza freudiana el “reino de la disociación”.

A veces se complica más la elección: ama a dos y desea a dos. Son formas que toma la disociación. Parecería que la disociación es una tendencia general del aparato psíquico en la neurosis obsesiva, y recae sobre el sujeto, el objeto y las pulsiones.

Otra característica vinculada con la fase anal, es que el obsesivo tiende a destruir a los objetos que ama, es típico de la neurosis obsesiva. Tiene que ver con la fijación a lo anal. Tiende a destruir las cosas, los hijos, los trabajos, sus vínculos o destruir el dinero. No es que no ame a los objetos, le cuesta adueñarse de los frutos de su esfuerzo, debemos tener en cuenta que estas destrucciones no son conscientes o deliberadas, sino inconscientes, no saben que se están destruyendo. Típico del obsesivo: destruir, humillar, degradar al objeto que ama, porque está ligado a las características de la fase anal. Otra vertiente es el sentimiento de culpa. Otro síntoma característico es la duda. Es para no comprometerse, para no elegir (para no “jugarse”).

La neurosis obsesiva es una neurosis que descubrió Freud. Para la Psiquiatría existía como trastorno obsesivo compulsivo, sujetos que se pasaban 4 ó 5 horas lavándose las manos, Freud le da estatuto de entidad neurótica, enfermedad mental y la llama neurosis obsesivo compulsiva. Porque el caso más puro, más paradigmático está compuesto por ideas obsesivas, actos compulsivos y pensamiento o dialecto obsesivo.

¿Qué es el pensamiento obsesivo para Freud? La rumiación mental, pueden estar muchas horas masticando pensamientos. No puede dejar de pensar, el pensamiento lo tiene atrapado. Todos los síntomas tienden a dividirse en dos tiempos (anulación). Una decisión es anulada por la decisión contraria.

Hombres; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico – Presentación

Junio 28, 2007

HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.

Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres.

 

La vía así propuesta transitará desde los contenidos relacionados con la Psicopatología, como los mecanismos de formación de síntoma, la anulación y el aislamiento propio en este tipo de padecer; los desarrollos aportados por Sigmund Freud y Jacques Lacan, como asimismo, viñetas clínicas, ejemplos de la vida cotidiana, algunas reflexiones acerca de la dirección de la cura, y los aspectos fenomenológicos más distintivos, como las rumiaciones, la duda obsesiva, los actos compulsivos, el dialecto obsesivo y su sufrimiento en el pensamiento, sólida cárcel en la que el obsesivo suele recluirse. Y otros tópicos que necesiten tal vez un mayor desarrollo o apoyatura teórica como la paradójica amalgama entre deseo y prohibición, la deuda, etc.. El texto se irá deslizando por los escenarios donde el obsesivo se desplaza y suele fijarse (fixium): entre la hazaña, el desafío, su religiosa oblatividad, sus actings, su altruismo – es decir el reconocimiento del deseo del Otro – , fantasmas obsesivos que irrumpen con frecuencia en el discurso de todo obsesivo en el diván del consultorio. Escenarios que no giran sólo en torno a lo imaginario, sino que comprometen, también, a lo real, en un más acá y un más allá del espejo donde se involucra el goce superyoico. Goce, al cual los desarrollos lacanianos – entiendo – resultan necesarios para iluminar este camino a investigar, que por supuesto no tiene la pretensión de llegar a una mirada o a un saber exhaustivo y por tanto tan extraño y antagónico al psicoanálisis.

 

El intento, entre otras cuestiones, es que de alli en más pueda ir decantándose lo estructural, o sea, aquello presente invariablemente en todo obsesivo; y lo que va modificándose a través de las épocas. Esto parte de la discriminación entre un discurso del Otro que no varía, y un discurso de la subjetividad de la época que nos convoca a repensar lo nuevo e inédito del malestar de la época a la luz de los cambios producidos en nuestro mundo, esto desde la óptica de los distintos autores y sistemas de pensamiento contemporáneos, una tarea teórica y un emplazamiento vital, el de entender y tomar posición ante lo nuevo e inédito que este cruce de caminos que es la posmodernidad nos ofrece.

 

Es por esta razón que la última parte tratará de la Neurosis Obsesiva tal como se presenta en la clínica actual de nuestros días, considerando que tales efectos en la subjetividad de los ciudadanos conmueven al analista y le plantean nuevos problemas. Los casos que llegan al consultorio no tienen ya la “pureza clínica” de un siglo atrás. Tampoco llegan a la consulta representados por sus formaciones del inconsciente. No son pocas las veces que llegan de acting en acting, con escasas posibilidades asociativas respecto de lo que les acontece. Las obsesiones ya no son el compendio de rituales sistematizados descritos por Sigmund Freud en el inicio de sus investigaciones.

 

Sin embargo, sin desestimar desde luego los aportes de autores contemporáneos que han hecho importantes contribuciones sobre estos tópicos, creo que no soy una de las pocas a la que le ha resultado imprescindible retornar a la lectura freudiana y a la letra lacaniana para emprender este camino de interrogantes y elaboraciones. Es en este sentido que puedo decir que estamos hoy día más cerca de Freud y de Lacan de lo que imaginamos. No es extraño que no sean sólo los psicoanalistas los que recurran a sus obras a la hora de intentar un acercamiento a los enigmas que plantea tanto la subjetividad como las grandes transformaciones dentro de la sociedad, incluso, por ejemplo, las neurociencias están recurriendo con frecuencia a consultar las investigaciones freudianas.

 

En la cotidianeidad que nos toca vivir dentro de nuestras sociedades, está claro que se advierte un escepticismo generalizado en el hombre moderno, la caida de los ideales que otrora sostuvieron el proyecto de vida de generaciones de jóvenes ha colapsado. La aparición de una nueva forma de vida que se conoce como posmodernismo, y corresponde a una ruptura en la modernidad que diversos ensayistas tuvieron en cuenta, cada uno a su manera. Jean-François Lyotard fue uno de ellos, y uno de los primeros en señalar la entrada en este tiempo posmoderno, al que llamó de Caida de los grandes Relatos.

 

 

 

Un tiempo que se caracteriza por el agotamiento y la desaparición de los grandes relatos de legitimación, en particular, el relato religioso y el relato político, tambien el marxismo, etc. Se asiste incluso a grandes transformaciones en la producción del saber y en los paradigmas sociales sobre las cuales la modernidad clásica se basaba, y a la adopción de una nueva propuesta político-económica como es el caso del neoliberalismo o capitalismo tardío, que como veimos viendo ha marcado profundos cambios, donde el tiempo y el espacio sociales son divididos por la victoria mundial de un mercado con transacciones, intercambios comerciales entre países que se hacen a un ritmo de vértigo, los que sin duda afecta el corazón mismo de hombres y mujeres. En 1992, Fukuyama también habló de un “fin de la historia” y del último hombre. Consideraba que la Historia humana, como lucha de ideologías había terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal. Es así, como muchas de las conceptualizaciones y textos que componen la obra freudiana fueron menospreciados cuando no rechazados, El Malestar en la cultura no escapó a esta discriminación, sin embargo, a más de un siglo Freud parece llevarse la razón en los peores pronósticos. La desgraciada historia de la psicología de las masas y los variados holocaustos del siglo XX -a los que ya podemos agregar los del XXI- son lamentables muestras de la conexión entre el lado amable de las insignias y el lado mortífero al que conducen “hipnóticamente”, más allá del amor. El simple cambio de las condiciones de la propiedad ocurridas en la U.R.S.S. no bastaron, tal como Freud lo predijo, para mejorar al hombre.

 

 

El programa ético de El malestar en la Cultura es el de un superyó que intenta corregir lo que el programa de la cultura no ha podido. En nuestra época, en cambio -como también se argumentará con recurso a Zizek- el superyó ya no se nutre de renuncias sino que insta al sujeto a un goce autista y sin freno por medio de una fetichización de bienes y objetos que a la vez arrasa con las particularidades y retorna correlativamente en diversos tipos de segregación y fundamentalismos. Pues si bien no debemos dejar de contabilizar en su haber los aspectos auspiciosos que los fabulosos avances de las ciencias y la tecnología seguramente posibilitan, no dejan sin embargo de generar sufrimientos inéditos tanto a nivel subjetivo como el síntoma abordado desde su dimensión social. La caida de las Torres, y otros hechos lo testimonian. Sin embargo, como lo recuerda Lacan, frente a estas discordancias estructurales, cada generación reinventa una postura ante la búsqueda de técnicas de felicidad y los arreglos de goce. Avanzar en la dimensión ética, en el interior de la práctica psicoanalítica lleva entonces a ubicar este malestar en el contexto de las condiciones de la subjetividad de la época.

 

El otro discurso, el de la difusión y uso de los psicofármacos que se venden sin escrupulosidad alguna, difusión acompañada por una masiva y constante profusión e invasión de avisos de todo tipo en las casillas de correo de los usuarios de internet, y que se medica con escaso o nulo criterio a niños que presentan trastornos de atención, entre otros. Según lo que puedo afirmar desde mi experiencia clínica, han traido más estragos que ventajas. No me refiero aquí solamente a los efectos colaterales que algunos antidepresivos considerados ya en desuso causaban como es el caso de los antidepresivos triciclicos, por nombrar sólo uno de ellos; sino también a los efectos -en muchos casos devastadores- que en la actualidad producen aquellos fármacos de “ultima generación”, que consiguen junto con estas indeseables secuelas, disolver la subjetividad en una molécula sin interesar el precio que el sujeto medicado termina “pagando”. Me ha tocado atender a algunos pacientes a los que se les había recetado Rivotril sin siquiera preguntárseles si ingerían bebidas alcohólicas. Uno de ellos, que acudió por primera vez a mi consulta – acompañado por sus familiares – expuso sus grandes dificultades para poder desarrollar las actividades que habitualmente realizaba normalmente, por no disponer de las fuerzas necesarias y sentirse “en otro mundo” al punto de haber cambiado recientemente su automóvil sin poder estrenarlo debido a que la interacción medicamentosa había obturado sus reflejos. Al volver a la consulta con el profesional en cuestión, en lugar de recibir una disculpa, este lo increpó por no haberle avisado que consumía bebidas alcohólicas en cierto grado elevado. Puede resultar llamativo pero no es infrecuente cómo funcionan algunos sujetos, grupos, instituciones (por supuesto, profesionales o no) cuando lejos de responder por sus actos terminan algo así, como endosando el superyó al paciente, como ocurrió en este caso.

 

No cabe duda, que estas cuestiones son muy convenientes para el establishment norteamericano que se regodea, como siempre, en la captación sin prisa y sin pausa de nuevos mercados; pero en nuestro país – aun cuando la transculturación yanqui ha avanzado a pasos ultravertiginosos- , nuestra idiosincracia no es la misma que los ciudadanos que viven bajo la égida del “Imperio”, ¿Por qué permitirnos entonces proponer recetas importadas al precio de nuestra propia subjetividad?

 

Estas cuestiones que son tan antiguas como el mundo, no son otra cosa que la repetición de programas donde la inmixión del poder es muy fuerte y las ganancias que de ella se derivan muy gozosas, para ello, por supuesto les es necesario prescindir de todo interés por el estudio de las consecuencias que al ser humano puede acarrearle. Esto ocurre, además, en un un ámbito donde se desdibuja la responsabilidad singular, los sujetos se eclipsan sin hacerse cargo de sus actos y las consecuencias de los mismos, y se persigue el ideal de “éxito” a cualquier precio y de cualquier modo.

 

La “depresión” contemporánea y psicofarmacológica promovida por la laboratorios internacionales encubre la soledad que el imperio del amo moderno induce por medio del mercado consumista. El sueño americano ha llegado, ha traido grandes comodidades que no podemos negar ni desestimar, pero no ha resuelto la consecución de grandes satisfacciones y mucho menos alcanzar la felicidad añorada.

Las perversiones – Parte I – El perverso y su libreto

Mayo 19, 2007

Las perversiones siempre han tenido mala prensa. Contrariamente a las apariencias y a los lugares comunes, la cuestión de las perversiones, es en primer lugar doblemente compleja. Los comentarios poco afortunados y las tergiversaciones de las que suelen ser objeto en los medios de comunicación traducen el desconocimiento fundamental que reina en este dominio. Por un lado, la perversión es constantemente asociada a una idea de manipulación estratégicamente desplegada por el perverso, con la finalidad de dañar. Por el otro, la perversión está casi siempre relegada al rango de los avatares de la “perversidad”. Tanto en un caso como en el otro, el énfasis recae sobre la dimensión de la transgresión de las normas establecidas.

 

Las perversiones no pueden ser referidas a connotaciones tan mezquinas. Las actuaciones perversas no obedecen, prioritariamente, a la prosecución de objetivos deliberadamente perniciosos. A tal punto que, si se pueden identificar algunas conductas estratégicas en el curso del proceso perverso, estas estrategias se ejercen mucho menos con la finalidad de dañar que con la finalidad de gozar. Es justamente este goce el que ejerce indiscutiblemente en el otro un polo de atracción que, a la vez, seduce y fascina pero vuelve tan a menudo las perversiones inadmisibles. De hecho, ese goce no puede ser adquirido más que al precio de la transgresión.

 

El perverso tiene la audacia de actuar a la luz del día aquello que atormenta secretamente a todos sin autorizarse jamás a darle cumplimiento. Por otra parte, allí se sitúa una línea divisoria radical entre la estructura de los perversos y la de los neuróticos, es decir la diferencia que existe entre un acto auténticamente perverso y la construcción de un fantasma. El perverso es sucesivamente estratega, prestidigitador, jugador y director teatral de pases mágicos hipnotizantes que nos suelen dejar atónitos, aunque sea por un instante. De hecho, ese poder de seducción encuentra infaltablemente su punto de detención lógica.

 

En el súmmum de su escenificación, el perverso descubre, en efecto, con horror y angustia, el límite de su propio montaje imaginario. Fracasa allí donde su goce lo lleva a creer lo contrario, es decir en el momento fecundo en que se imagina por fin que domina lo que le excita, y en el que se ilusiona sobre el hecho de que va a conseguirlo embaucando a su partenaire. El lugar de su fracaso es siempre el mismo: aquel en el que resulta derrotado su enceguecimiento en la renegación de la castración, con la implicaciones que ello supone respecto de la diferencia entre los sexos.

 

En este sentido, el libreto perverso es más una parodia trágica que un exutorio real para la posibilidad de un goce ilimitado. Por esta razón, el perverso es en primerísimo lugar víctima de su propio montaje. Es su juguete en el sentido de las determinaciones psíquicas que lo condenan al mismo.

 

Las perversiones nos remiten a la lógica singular de una organización psíquica, es decir a una estructura. Ello recusa la idea de que las desviaciones perversas sean maquiavélicas. Por añadidura, esta estructura atestigua mucho más la captura de un sujeto que lo que predica a favor de su liberación.

 

Más allá de su inextinguible “voluntad de goce” (Lacan), el perverso es prisionero de una economía deseante imposible, al menos, por la elección de las vías de cumplimiento capaces de ponerla en acto. El compromiso que lo anima lo conduce siempre a la misma tentativa de demostración: intentar probar la existencia de un más allá de la diferencia de los sexos. Así, el perverso se agota en el intento de dar esta prueba, para descubrir continuamente que él mismo se ha quedado en un más acá: todo el goce del perverso está orquestado con arreglo a esta apuesta.

 

Cuando Lacan aborda escribe Kant con Sade deja claro que en Sade hay casi una obligación por el goce. Sade quiere gozar, y prohibe que nada, ni siquiera lo humano, obstaculice su goce. Nuestro deber –de esencia kantiana, destaca Lacan – es dejar vía libre para que se cumpla la Ley. Sade, desde este punto de vista, es víctima de su goce. Algo que Lacan encuentra como ausente de contradicción: “El rigor de su pensamiento pasa a la lógica de su vida”, escribió Lacan.

 

Por otra parte, lo que pone en evidencia toda la teoría de Sade es que de ninguna manera en la perversión se trata del cuerpo del otro como un cuerpo entero, no se goza del cuerpo del otro como cuerpo entero, se goza de una parte del cuerpo del otro, de allí la cuestión de parcialidad de la pulsión. ¿Quién goza?

 

Esta no es la pregunta que se hace el perverso, porque el perverso no se hace preguntas, demuestra. Lo que el perverso quiere demostrar es que el goce es del Otro y para eso el sujeto se hace objeto del goce del otro, o mejor dicho, instrumento del goce del Otro.