HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.
HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.
HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.
HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.
HOMBRES; trazos estructurales y variantes clínicas de la neurosis obsesiva. Un estudio psicoanalítico. Rosa Aksenchuk. Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres. Licenciada en Psicología (UBA). Directora de Psikeba. Revista de psicoanalisis y estudios culturales © 2007.
Escrudiñar el vasto territorio del “alma”, o si se quiere, de la subjetividad masculina es el objetivo de estos apuntes que hoy comienzo a publicar en el blog. Para ello me dedicaré a la neurosis obsesiva, por considerar que esta afección clínica, desde la óptica del psicoanálisis, a la cual adscribo, es el síntoma por excelencia de los hombres, del mismo modo que la histeria lo es en el caso de las mujeres.
La vía así propuesta transitará desde los contenidos relacionados con la Psicopatología, como los mecanismos de formación de síntoma, la anulación y el aislamiento propio en este tipo de padecer; los desarrollos aportados por Sigmund Freud y Jacques Lacan, como asimismo, viñetas clínicas, ejemplos de la vida cotidiana, algunas reflexiones acerca de la dirección de la cura, y los aspectos fenomenológicos más distintivos, como las rumiaciones, la duda obsesiva, los actos compulsivos, el dialecto obsesivo y su sufrimiento en el pensamiento, sólida cárcel en la que el obsesivo suele recluirse. Y otros tópicos que necesiten tal vez un mayor desarrollo o apoyatura teórica como la paradójica amalgama entre deseo y prohibición, la deuda, etc.. El texto se irá deslizando por los escenarios donde el obsesivo se desplaza y suele fijarse (fixium): entre la hazaña, el desafío, su religiosa oblatividad, sus actings, su altruismo – es decir el reconocimiento del deseo del Otro – , fantasmas obsesivos que irrumpen con frecuencia en el discurso de todo obsesivo en el diván del consultorio. Escenarios que no giran sólo en torno a lo imaginario, sino que comprometen, también, a lo real, en un más acá y un más allá del espejo donde se involucra el goce superyoico. Goce, al cual los desarrollos lacanianos – entiendo – resultan necesarios para iluminar este camino a investigar, que por supuesto no tiene la pretensión de llegar a una mirada o a un saber exhaustivo y por tanto tan extraño y antagónico al psicoanálisis.
El intento, entre otras cuestiones, es que de alli en más pueda ir decantándose lo estructural, o sea, aquello presente invariablemente en todo obsesivo; y lo que va modificándose a través de las épocas. Esto parte de la discriminación entre un discurso del Otro que no varía, y un discurso de la subjetividad de la época que nos convoca a repensar lo nuevo e inédito del malestar de la época a la luz de los cambios producidos en nuestro mundo, esto desde la óptica de los distintos autores y sistemas de pensamiento contemporáneos, una tarea teórica y un emplazamiento vital, el de entender y tomar posición ante lo nuevo e inédito que este cruce de caminos que es la posmodernidad nos ofrece.
Es por esta razón que la última parte tratará de la Neurosis Obsesiva tal como se presenta en la clínica actual de nuestros días, considerando que tales efectos en la subjetividad de los ciudadanos conmueven al analista y le plantean nuevos problemas. Los casos que llegan al consultorio no tienen ya la “pureza clínica” de un siglo atrás. Tampoco llegan a la consulta representados por sus formaciones del inconsciente. No son pocas las veces que llegan de acting en acting, con escasas posibilidades asociativas respecto de lo que les acontece. Las obsesiones ya no son el compendio de rituales sistematizados descritos por Sigmund Freud en el inicio de sus investigaciones.
Sin embargo, sin desestimar desde luego los aportes de autores contemporáneos que han hecho importantes contribuciones sobre estos tópicos, creo que no soy una de las pocas a la que le ha resultado imprescindible retornar a la lectura freudiana y a la letra lacaniana para emprender este camino de interrogantes y elaboraciones. Es en este sentido que puedo decir que estamos hoy día más cerca de Freud y de Lacan de lo que imaginamos. No es extraño que no sean sólo los psicoanalistas los que recurran a sus obras a la hora de intentar un acercamiento a los enigmas que plantea tanto la subjetividad como las grandes transformaciones dentro de la sociedad, incluso, por ejemplo, las neurociencias están recurriendo con frecuencia a consultar las investigaciones freudianas.
En la cotidianeidad que nos toca vivir dentro de nuestras sociedades, está claro que se advierte un escepticismo generalizado en el hombre moderno, la caida de los ideales que otrora sostuvieron el proyecto de vida de generaciones de jóvenes ha colapsado. La aparición de una nueva forma de vida que se conoce como posmodernismo, y corresponde a una ruptura en la modernidad que diversos ensayistas tuvieron en cuenta, cada uno a su manera. Jean-François Lyotard fue uno de ellos, y uno de los primeros en señalar la entrada en este tiempo posmoderno, al que llamó de Caida de los grandes Relatos.
Un tiempo que se caracteriza por el agotamiento y la desaparición de los grandes relatos de legitimación, en particular, el relato religioso y el relato político, tambien el marxismo, etc. Se asiste incluso a grandes transformaciones en la producción del saber y en los paradigmas sociales sobre las cuales la modernidad clásica se basaba, y a la adopción de una nueva propuesta político-económica como es el caso del neoliberalismo o capitalismo tardío, que como veimos viendo ha marcado profundos cambios, donde el tiempo y el espacio sociales son divididos por la victoria mundial de un mercado con transacciones, intercambios comerciales entre países que se hacen a un ritmo de vértigo, los que sin duda afecta el corazón mismo de hombres y mujeres. En 1992, Fukuyama también habló de un “fin de la historia” y del último hombre. Consideraba que la Historia humana, como lucha de ideologías había terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal. Es así, como muchas de las conceptualizaciones y textos que componen la obra freudiana fueron menospreciados cuando no rechazados, El Malestar en la cultura no escapó a esta discriminación, sin embargo, a más de un siglo Freud parece llevarse la razón en los peores pronósticos. La desgraciada historia de la psicología de las masas y los variados holocaustos del siglo XX -a los que ya podemos agregar los del XXI- son lamentables muestras de la conexión entre el lado amable de las insignias y el lado mortífero al que conducen “hipnóticamente”, más allá del amor. El simple cambio de las condiciones de la propiedad ocurridas en la U.R.S.S. no bastaron, tal como Freud lo predijo, para mejorar al hombre.
El programa ético de El malestar en la Cultura es el de un superyó que intenta corregir lo que el programa de la cultura no ha podido. En nuestra época, en cambio -como también se argumentará con recurso a Zizek- el superyó ya no se nutre de renuncias sino que insta al sujeto a un goce autista y sin freno por medio de una fetichización de bienes y objetos que a la vez arrasa con las particularidades y retorna correlativamente en diversos tipos de segregación y fundamentalismos. Pues si bien no debemos dejar de contabilizar en su haber los aspectos auspiciosos que los fabulosos avances de las ciencias y la tecnología seguramente posibilitan, no dejan sin embargo de generar sufrimientos inéditos tanto a nivel subjetivo como el síntoma abordado desde su dimensión social. La caida de las Torres, y otros hechos lo testimonian. Sin embargo, como lo recuerda Lacan, frente a estas discordancias estructurales, cada generación reinventa una postura ante la búsqueda de técnicas de felicidad y los arreglos de goce. Avanzar en la dimensión ética, en el interior de la práctica psicoanalítica lleva entonces a ubicar este malestar en el contexto de las condiciones de la subjetividad de la época.
El otro discurso, el de la difusión y uso de los psicofármacos que se venden sin escrupulosidad alguna, difusión acompañada por una masiva y constante profusión e invasión de avisos de todo tipo en las casillas de correo de los usuarios de internet, y que se medica con escaso o nulo criterio a niños que presentan trastornos de atención, entre otros. Según lo que puedo afirmar desde mi experiencia clínica, han traido más estragos que ventajas. No me refiero aquí solamente a los efectos colaterales que algunos antidepresivos considerados ya en desuso causaban como es el caso de los antidepresivos triciclicos, por nombrar sólo uno de ellos; sino también a los efectos -en muchos casos devastadores- que en la actualidad producen aquellos fármacos de “ultima generación”, que consiguen junto con estas indeseables secuelas, disolver la subjetividad en una molécula sin interesar el precio que el sujeto medicado termina “pagando”. Me ha tocado atender a algunos pacientes a los que se les había recetado Rivotril sin siquiera preguntárseles si ingerían bebidas alcohólicas. Uno de ellos, que acudió por primera vez a mi consulta – acompañado por sus familiares – expuso sus grandes dificultades para poder desarrollar las actividades que habitualmente realizaba normalmente, por no disponer de las fuerzas necesarias y sentirse “en otro mundo” al punto de haber cambiado recientemente su automóvil sin poder estrenarlo debido a que la interacción medicamentosa había obturado sus reflejos. Al volver a la consulta con el profesional en cuestión, en lugar de recibir una disculpa, este lo increpó por no haberle avisado que consumía bebidas alcohólicas en cierto grado elevado. Puede resultar llamativo pero no es infrecuente cómo funcionan algunos sujetos, grupos, instituciones (por supuesto, profesionales o no) cuando lejos de responder por sus actos terminan algo así, como endosando el superyó al paciente, como ocurrió en este caso.
No cabe duda, que estas cuestiones son muy convenientes para el establishment norteamericano que se regodea, como siempre, en la captación sin prisa y sin pausa de nuevos mercados; pero en nuestro país – aun cuando la transculturación yanqui ha avanzado a pasos ultravertiginosos- , nuestra idiosincracia no es la misma que los ciudadanos que viven bajo la égida del “Imperio”, ¿Por qué permitirnos entonces proponer recetas importadas al precio de nuestra propia subjetividad?
Estas cuestiones que son tan antiguas como el mundo, no son otra cosa que la repetición de programas donde la inmixión del poder es muy fuerte y las ganancias que de ella se derivan muy gozosas, para ello, por supuesto les es necesario prescindir de todo interés por el estudio de las consecuencias que al ser humano puede acarrearle. Esto ocurre, además, en un un ámbito donde se desdibuja la responsabilidad singular, los sujetos se eclipsan sin hacerse cargo de sus actos y las consecuencias de los mismos, y se persigue el ideal de “éxito” a cualquier precio y de cualquier modo.
La “depresión” contemporánea y psicofarmacológica promovida por la laboratorios internacionales encubre la soledad que el imperio del amo moderno induce por medio del mercado consumista. El sueño americano ha llegado, ha traido grandes comodidades que no podemos negar ni desestimar, pero no ha resuelto la consecución de grandes satisfacciones y mucho menos alcanzar la felicidad añorada.