La mayoría de los psicoanalistas o psicoterapeutas comparten la idea de que los pacientes de hoy son diferentes de los de hace unas que estaban allí son unas décadas atrás. En efecto, se constata que los casos que llegan al consultorio no tienen ya la “pureza clínica” de tiempo atrás. De esta verificación se origina un debate sobre cuestiones que podrían sintetizarse en la siguiente pregunta: ¿estamos ante la presencia de nuevos síntomas, la aparición de nuevas enfermedades, o ante nuevas formulaciones de demandas de análisis?
Estos planteos se dibujan sobre el fondo de un cambio de una sociedad en la que sus lazos sociales van desarticulándose cada vez más, y de las cuales emergen nuevas formas de subjetivación.
Estos efectos en la subjetividad de los ciudadanos conmueven sin dudas al analista y le plantean nuevos problemas, al punto de que quienes tratamos sobre cuestiones del psiquismo humano no podemos hacer caso omiso de la importancia de la incidencia de las formas de funcionamiento de una sociedad sobre el ser humano.
En virtud de estas consideraciones, es evidente que nuestra sociedad puede fomentar la propagación y consolidación de algunas patologías. Un ejemplo elocuente es el de la anorexia. Si bien las primeras descripciones de lo que hoy conocemos con el término anorexia datan de la Edad Media, sólo se extienden significativamente a partir de los años sesenta.
Sin embargo, desde una fundamentación psicoanalítica puede afirmarse que la anorexia no se trata de una entidad clínica, sino, en todo caso constituye un tipo de respuesta subjetiva; en tanto el rechazo al alimento puede incluirse dentro de cualquier estructura clínica, sea como negativa a comer – en la melancolía -, como temor a ser envenenada – en la paranoia – o como derrumbe subjetivo anticipando la muerte subjetiva- en estados catatónicos.El tema es complejo, pero a grandes rasgos podemos afirmar que configura una respuesta sintomática al empuje de una sociedad de consumo asentada sobre la premisa: “no se prive, no deje para mañana, la plenitud es posible”. Se trata de un Otro que frente a la demanda, que abre a lo que no puede darse, ni saciarse, ni colmarse, respondería con un objeto-gadget, con algo que tiene para dar, esto es algo que el sujeto anoréxico no admite.
En lo que respecta a la última parte de la pregunta, puede constatarse en la clínica me interesa citar una respuesta que Colette Soler da en relación a los tiempos que corren: “Hay demandas formuladas en otros términos y es tarea de cada psicoanalista, ante una demanda, cualquiera sea su formulación, convertirla en una demanda analítica “.
